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Magdalena, Jalisco, México.

Para los antiguos habitantes de México el ópalo era conocido como Vitzitziltecpal o piedra Colibrí. Este poético nombre había sido otorgado debido a su similitud con el centelleo del plumaje de esas pequeñas aves que adoraban. Los ópalos fueron muy apreciados en las culturas mesoamericanas, como joyas para nobles y sacerdotes. Según estudios históricos, los ópalos extraídos de la región de Querétaro fueron utilizados por los aztecas en ornamentos ceremoniales, lo que confirma que existía una arcaica industria minera para su extracción. Increíblemente, ninguno de los conquistadores españoles se interesó por estas gemas, posiblemente por su obsesión hacia los metales como el oro y la plata, por lo que la labor que se había estado llevando para su extracción, se perdió.
No fue sino hasta 1840 que don José María Siurab redescubrió los depósitos de ópalos y decidió trabajar en sustraerlos de la mina Santa María Iris, en la Hacienda Esmeralda, cerca de la ciudad de Querétaro en el centro del país. Quince años después se descubrió un nuevo depósito, por lo que se abrió la mina La Carbonera, entre otras. En Querétaro, los yacimientos de ópalos se localizan principalmente en la sierra de La Llave y se ubican en tres municipios: Colón, Tequisquiapan y Ezequiel Montes. Los ópalos preciosos de México comenzaron a ser reconocidos por los geólogos en Europa a principios del siglo XIX, al ubicar varias localidades donde existían vetas: Querétaro, Guerrero, Guanajuato, Chihuahua, San Luis Potosí e Hidalgo. El distrito opalífero de Tequisquiapan se convirtió en el más productivo y alcanzó su apogeo en los años sesenta debido a la gran demanda de ópalos por parte de países europeos o asiáticos. Mas hubo otras localidades que comenzaron a tener gran
éxito en el mercado de esas increíbles gemas que parecían carbones encendidos o trozos de sol. Una de ellas fue Magdalena, en Jalisco, a una altura media de 1,675 metros sobre el nivel del mar. Sus depósitos no fueron conocidos sino hasta 1957 por Alfonso Ramírez, minero queretano que por accidente descubrió la primera mina de ópalo en Jalisco, llamada La Única, ubicada en las faldas del volcán de Tequila, cerca del rancho Huitzicilapan, municipio de Magdalena.
Antes de los españoles, el lugar era conocido como Xochitepec o “Monte Florido”, zona gobernada por su jefe Goaxicar, un líder fuerte y poderoso que se ataviaba con hermosos ópalos. En 1524 llegó a conquistar esa tierra Francisco Cortés de Buenaventura, en búsqueda de minas y un camino del Bajío hacia el Pacífico, por la sierra, que comenzaba en los dominios del gobernante local. Goaxicar se levantó en armas, mas después de una cruenta lucha fue sometido. Para demostrar su lealtad a la corona, dejó que su hija fuera evangelizada por los franciscanos; la princesa recibió el nombre cristiano de Magdalena, mismo que adoptó la comunidad que habitaban.
La zona de ópalos de Magdalena se ubica en un rectángulo de 3 000 kilómetros cuadrados. En cada sector existen diversas características y distintos depósitos.
En el área San Simón, que se encuentra en los alrededores de Magdalena, están localizadas las minas más importantes: La Lupita, San Simón, San Martín, Santa Cecilia, Santo Niño, La Floreña, La Calavera, La Rosita, El Torero, San José, El Huaxical, La Mexicana, Hostotipaquillo, La Pelusera y La Florena.
Desde mediados de la década de los sesenta, las minas de la región han obteniendo una mayor producción de ópalos que las minas de Querétaro. Hubo una temporada de bonanza donde surgieron varias minas, debido a la demanda del producto. Las piezas encontradas, muy apreciadas para joyería, se distinguen por el color de la matriz y por el juego de colores, entre ellos el azabache, rojo sangre de pichón, rojo fuego, rojo lluvia, azul pavo, azul lluvia y verde esmeralda. Magdalena> se ha caracterizado por poseer piezas con ese juego de colores, a diferencia de los de la zona de Querétaro, que son básicamente ópalos de fuego. La recolección de ópalos en Magdalena es una de sus principales fuentes económicas. En cada mina hay hasta 200 trabajadores laborando, y existe un grupo de personas que hace un rebusque en las piedras de desecho, llamados pepenadores. Mientras que los ópalos extraídos por las compañías grandes son trabajados para joyería o como venta para colecciones, todas las mañanas, justo frente al templo, tienen su punto de encuentro los opaleros principiantes o pepenadores de ópalo, que en frascos ofrecen a los paseantes pequeños ópalos o piedras con ópalos que están todavía en trozos de cantera sumergidos en agua. El ópalo se cristaliza, a lo largo de millones de años, en depósitos superficiales de riolitas ricas en sílice con soluciones hidrotermales de baja temperatura, en las cuales, se advierte una textura fluidal y abundantes vesículas formadas por el es escape de gases que son rellenados por geles minerales que pueden contener varias inclusiones como hornblenda, goethita, cuarzo, cristaobalita o pirita.


A pesar de que el origen de esta gema es volcánico, la misma es muy sensible y debe trabajarse con extremo cuidado debido a su composición de dióxido de silicio con agua. La cantidad de agua oscila entre un 4% y 9%, pero puede alcanzar hasta un 20%. El ópalo es un mineral del grupo de los óxidos, según la clasificación de Strunz y, aunque no es un cuarzo, está relacionado con ellos por su composición. Hasta 2007 fue considerado como una especie de mineral válida, pero realmente no lo es ya que está formado por cristobalita con sílice amorfo compuesto de dióxido de silicio, lo mismo que el cuarzo; coincide con éste en su composición, y difiere de él por sus estructuras cristalinas. Sus partículas microscópicas, con un diámetro de aproximadamente 0,1 μm (1/10000 de milímetro), se encuentran como estructuras empaquetadas en un enrejado tridimensional. Debido a ese preciso enrejado, es la única gema conocida capaz de reflectar los rayos de luz y transformarlos en los colores del arcoiris.
Actualmente existen en Magdalena 80 minas de ópalos, con 13 vetas de obsidiana, 3 de arcoiris y varias de otras piedras. Los especímenes de ópalo de la región, ya sea trabajados como gemas o para colecciones privadas, son valiosamente apreciados; por ello el municipio de Magdalena es reconocido como la capital mundial del ópalo.